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Convivir con el delito en La Plata

Villa Castells: un barrio jaqueado por banditas de menores y en guardia ciudadana permanente

Las cámaras registran los delitos, pero "no pasa nada", se quejan los vecinos

Mientras en la Provincia de Buenos Aires vuelve a tomar fuerza el debate por la delincuencia juvenil tras la reactivación de la ley que bajó la edad de punibilidad a 14 años, en Villa Castells hay vecinos que aseguran convivir desde hace tiempo con una realidad que los desvela: menores señalados por robos reiterados que, según denuncian, vuelven una y otra vez a las calles. En un barrio donde las alarmas comunitarias, los grupos de WhatsApp y las cámaras privadas se transformaron en herramientas diarias y parte del paisaje cotidiano, crece la sensación de que los vecinos corren detrás de un problema que no deja de agravarse.

Aunque la víctima no sufrió heridas, el caso encendió nuevamente las alarmas en una zona de la región que, según sostienen sus habitantes, viene acumulando hechos de distinta gravedad y ya forma parte de un mapa de preocupación que también incluye a City Bell, Gonnet y Villa Elisa. Los frentistas describen un escenario marcado por robos callejeros, entraderas, ataques a comercios, sustracción de medidores y caños de gas, roturas, vandalismo y movimientos sospechosos que quedan registrados casi a diario en cámaras particulares.

Sin embargo, varios de los testimonios ponen el foco sobre otra cuestión que consideran central. “Hay menores que todos conocemos, que andan dando vueltas a la noche, se meten en negocios y aparecen vinculados a distintos hechos. El problema es que los agarran y al poco tiempo están otra vez en la calle. Es frustrante hasta para la Policía”, lamentó un frentista.

En esta línea, no son pocos los que remarcan el trabajo que realizan desde la comisaría Decimotercera, aunque coincidieron en que eso solo “no alcanza”. De hecho, destacaron que muchas investigaciones terminan con hechos esclarecidos y sospechosos identificados. Sin embargo, consideran que el problema excede a los efectivos que patrullan la zona.

"Los policías hacen lo que pueden con lo que tienen. El problema es más grande. Faltan móviles, falta logística y muchas veces los vecinos sentimos que estamos solos. Entonces terminamos poniendo plata de nuestro bolsillo para alarmas, cámaras y sistemas de monitoreo”, argumentan.

En Villa Castells funcionan numerosos grupos vecinales donde los habitantes comparten alertas en tiempo real, imágenes de cámaras, movimientos sospechosos y descripciones de personas o autos vinculados a distintos hechos.  Incluso, explicaron que existe un protocolo informal que los propios vecinos intentan respetar cuando ocurre un delito: primero llamar al 911, luego aportar datos precisos sobre los sospechosos y finalmente realizar la denuncia formal para que los antecedentes queden registrados.

“Sin denuncia es muy difícil. No es solamente una cuestión estadística. Lo importante es que quede asentado para que después pueda demostrarse la reiterancia de una persona en distintos hechos”, sostuvo otro de los frentistas consultados.

Uno de los aspectos que más inquietud genera está relacionado con la proximidad de la estación de trenes y los accesos al barrio. Según algunos vecinos, muchos delincuentes utilizan esos puntos para entrar y salir rápidamente de la zona. “Hay robos al voleo, como celulares o bicicletas, pero los hechos más graves parecen tener un trabajo previo. Muchas veces apuntan a personas mayores que viven solas o a casas donde saben que hay determinados movimientos. No se meten en cualquier lado”, aseguró una fuente barrial.

PUNTOS DE RIESGO

Si bien la problemática golpea a todo Villa Castells, vecinos remarcaron dos sectores que, según revelaron, concentran buena parte de su preocupación. Uno de ellos se ubica sobre las calles 3 y 4, hacia el lado de la autopista, desde la zona de 489 hasta 496 y497 -inclusive-, un sector que años atrás era mayormente descampado y que con el crecimiento habitacional quedó completamente poblado. Allí, aseguró, también hay terrenos ocupados y situaciones que generan inquietud entre quienes viven en las inmediaciones.

El otro punto señalado aparece apenas después del puente, entre las calles 503 y 507, de 4 a 6, donde ubicó a algunos de los menores que los vecinos consideran más conflictivos. A eso sumó una particularidad de Villa Castells: los distintos accesos al barrio, que permiten una circulación permanente hacia y desde otras zonas y que, según los frentistas, también dificultan el control.

“Nos cuidamos entre nosotros porque no queda otra. Si pasa algo, enseguida aparecen mensajes, llamados y videos. Pero no debería ser así. Nosotros no queremos hacer de policías. Queremos vivir tranquilos, en paz”, resumió por último otro de los frentistas.

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