La ola de inseguridad que golpea a la zona sur de La Plata, con puntos destacados en Villa Montoro, Villa Alba, El Palihue y Barrio Jardín, y se extiende hasta el límite con la ciudad de Berisso, genera una creciente preocupación entre los vecinos, que denuncian una seguidilla de ataques cada vez más violenta y organizada.
Según relatan quienes residen en el sector, un grupo de delincuentes asentado en las inmediaciones de las calles 118 y 90, a la vera del arroyo, mantiene en vilo a toda la región.
Siempre a decir los denunciantes, la banda opera bajo la modalidad “piraña”, desplazándose en motos y atacando en manada -en algunos casos de entre 15 y 20 personas por tanda- para robar motos, bicicletas y cualquier objeto de valor, incluso a plena luz del día. También, si tienen oportunidad, se meten en cualquier propiedad.
Los testimonios coinciden en señalar un nivel de impunidad alarmante. En uno de los hechos más recientes, la víctima de un robo de moto fue brutalmente golpeada y los agresores llegaron a gatillarle, aunque el disparo no salió por razones que aún se desconocen. Lo cierto es que el episodio profundizó el miedo en la comunidad.
A este escenario se suma un componente aún más inquietante: vecinos aseguran que el grupo realiza disparos al aire a modo de “rituales” de demostración de poder y que en reiteradas ocasiones queman motos robadas en la zona del arroyo.
Estas prácticas no sólo buscan eliminar pruebas, sino que también funcionan como una forma de marcar territorio, enviar mensajes a posibles rivales y reforzar el control mediante el miedo.
Además, expresan que los propios delincuentes exhiben en redes sociales las armas y objetos robados, particularmente en Instagram, con una cuenta que tiene cientos de seguidores, lo que refuerza la sensación de que no temen consecuencias.
Otro punto que genera indignación es la falta de respuestas institucionales. Afirman que, al acudir a la comisaría de Villa Ponsati, reciben como respuesta que no puedenintervenir o que no cuentan con los recursos necesarios. Esto deja a los vecinos en una situación de desamparo, sin saber a quién recurrir.
“Somos todas mujeres”, habrían expresado desde la dependencia polic al -en base a los dichos que se escuchan en el sector. Y, en ese contexto, no hay manera de que puedan canalizar las inquietudes de la gente.
Especialistas en seguridad explican que este tipo de fenómenos suele darse en contextos donde el Estado pierde capacidad de control territorial. En ese vacío, surgen grupos que construyen poder a través de la violencia, la exhibición de armas y acciones simbólicas como disparos o la quema de vehículos.
Estas conductas cumplen varias funciones: consolidan la identidad del grupo, generan cohesión interna, intimidan a la población y dificultan la acción policial al destruir evidencia.