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"Rehabilitación o velorio"

La historia de "Cara de Camión" y la profecía autocumplida de su final en una celda

Axel Álvarez Alsina

La muerte de Axel Leonel Álvarez Alsina (31), más conocido como “Cara de Camión”, vuelve a poner en primer plano una realidad cruda y repetida: la de jóvenes atravesados desde la infancia por la vulnerabilidad, el consumo problemático de drogas y el delito, presentado casi como única salida.

Axel era conocido en Ensenada por ese apodo que cargó desde muy chico, porque a los 6 años fue atropellado por un vehículo de carga en la zona de Avenida Bossinga entre Barragán y Cestino. El siniestro lo marcó para siempre, ya que le dejó graves secuelas en el rostro.

Creció en el barrio UOM, en un contexto de necesidades y falta de contención. Ya desde el jardín y la escuela mostraba serios problemas de conducta: episodios de violencia, crisis nerviosas y autolesiones. Su madre, hoy fallecida, buscó ayudarlo sin éxito. “Es la rehabilitación o el velorio”, llegó a decir en su momento, anticipando un desenlace que con el tiempo se volvió inevitable.

A los 15 años, Axel acumulaba más de 50 ingresos en comisarías o tal vez más, principalmente en la primera de Ensenada, por robos y otros delitos graves. Su vínculo con la droga era determinante. En una declaración, lo resumió con crudeza: “Sé que a los que robé necesitaban lo que les saqué, pero cuando no tengo drogas me desconozco. Siento que no soy yo”.

Su historial penal se extendió durante años, con múltiples causas por robos agravados, condenas y detenciones. Pasó reiteradamente por el sistema penitenciario bonaerense, con ingresos y egresos,  sin lograr una recuperación sostenida.

Según fuentes penitenciarias, era un interno conflictivo, inestable y con conductas autodestructivas. Incluso había sido trasladado en numerosas ocasiones a hospitales tras ingerir objetos metálicos. Por su nivel de conflictividad, no podía convivir con otros detenidos en pabellones comunes.

El sábado por la tarde, en la Unidad Penitenciaria N° 18 de Gorina, se produjo el desenlace fatal. Cerca de las 17.20, personal de vigilancia detectó que el interno estaba realizando maniobras de autoeliminación en su celda. Fue asistido y trasladado de urgencia a la unidad sanitaria, donde llegó con signos vitales. Sin embargo, pese a las maniobras de reanimación, se constató su fallecimiento a las 17.45.

Álvarez Alsina se encontraba a disposición del Tribunal Oral Criminal N°4 de La Plata, en el marco de una causa por robo agravado. Su historia no es aislada. Es el reflejo de un circuito que se repite: infancia vulnerable, consumo problemático, delito precoz, encierro y falta de abordaje integral. Un camino que, en este caso, terminó como su propia madre temía: no en la rehabilitación, sino en un velorio.

Ayer sus familiares lanzaron un pedido de ayuda solidaria, porque necesitaban fondos para costear el servicio velatorio y la inhumación de sus restos en la necrópolis de Ensenada.

Como se dijo, su madre había sido noticia cuando, desesperada, pidió a gritos ayuda. Hoy esa mujer no está y Axel estaba acompañado por tres hermanas. La madre se llamaba María y contó que “hubo intentos por someterlo a distintas terapias, aunque al final fracasaron por la escasa voluntad que mostraba a cumplir las directivas de los profesionales”.

“No respetaba los tratamientos y, cuando eso ocurre, se hace muy difícil el abordaje”, agregó.

“Es como que tengo dos hijos en uno. Por un lado están sus problemas con las drogas y la delincuencia, pero por otro lado ha dado evidencias de tener un corazón muy grande, porque se ha mostrado solidario con chicos que, por ejemplo, necesitaban zapatillas. Y no dudó de venir a casa para darles algunas suyas”, lo describió angustiada.

Su primer ingreso al Servicio Penitenciario se registró el 2 de septiembre de 2013, cuando aún era menor, en el marco de una causa por robo agravado tramitada ante el Juzgado de Responsabilidad Penal Juvenil N° 2 de La Plata. En ese expediente fue imputado por robo calificado por el uso de arma y permaneció detenido hasta mayo de 2014, cuando accedió al arresto domiciliario.

Con el paso de los años, su situación judicial se fue agravando. Entre 2014 y 2016 fue procesado y condenado en distintas instancias por robos calificados, recibiendo una pena de tres años y un mes de prisión, cuyo vencimiento operó en 2017. En paralelo, registró otra causa por robo agravado, también en el ámbito juvenil, que derivó en una condena de tres años de prisión.

En 2017 volvió a ser condenado, esta vez a seis meses de prisión, por el delito de estafa. Ese mismo año volvió a quedar involucrado en un nuevo hecho de robo agravado, que derivó en una condena más severa: cuatro años de prisión, pena que cumplió hasta agosto de 2021.

Lejos de interrumpirse, su derrotero judicial continuó con una nueva causa iniciada en 2021 y elevada en 2022 al Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 de La Plata, donde se lo investigaba por robo doblemente agravado. En ese expediente se encontraba procesado al momento de su fallecimiento

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