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Presentaba tres disparos

¿Fue un suicidio o un homicidio? Un detalle de la autopsia planteó la duda en el caso del hombre hallado muerto en Punta Lara

La mañana extraña del miércoles, que combinó algunos rayos de sol con un copioso chaparrón, escondía un secreto a orillas del Río de la Plata. Eran las 08.55 cuando un llamado al 911 quebró la rutina del patrullaje en Punta Lara para denunciar que había un hombre junto a un arma de fuego recostado sobre las piedras, inmóvil, en la bajada al Parador 4, sobre el camino Almirante Brown a la altura de la calle 42.

Al llegar al lugar, efectivos del Comando de Patrulla Ensenada se toparon con una escena inquietante. El sector estaba prácticamente desierto. Mesas, parrillas y senderos de tierra contrastaban con el silencio pesado de la mañana parcialmente nublada.

Sobre la orilla, entre la arena y las piedras, yacía el cuerpo de un hombre descalzo, vestido con una chomba azul a rayas y un pantalón deportivo negro. No respondía a los llamados. Al acercarse, los agentes advirtieron que estaba aparentemente sin vida y que presentaba tres disparos: dos en el pecho y uno en la cabeza.

A pocos metros, sobre la arena, la pistola calibre .22 marca Bersa, y un poco más arriba, en la subida de material, un par de alpargatas azules, como si alguien las hubiese dejado allí con apuro o con decisión.

El alerta había sido dado por un vecino de la zona, quien aseguró haber visto al hombre tendido en la bajada a la playa. Otra vecina, testigo del procedimiento, aportó un dato clave: el fallecido era Walter Rovetta, uruguayo, de 72 años, quien trabajó por años como inspector de tránsito en esa ciudad.

Minutos después arribó una ambulancia del SAME, que constató oficialmente el deceso. La escena quedó inmediatamente preservada y el lugar se transformó en un rompecabezas para los investigadores.

Con el correr de los minutos fueron llegando refuerzos: autoridades policiales, personal de Policía Científica en las áreas de fotografía, planimetría y balística, y representantes de la Ayudantía Fiscal de Ensenada y de la UFI N°17 de La Plata, que está de turno.

Cada centímetro del lugar fue medido, fotografiado y analizado bajo la atenta mirada de los funcionarios, que observaban en silencio desde la avenida.

Cerca del mediodía, el cuerpo fue retirado por una morguera para su traslado a la sede donde le hicieron la autopsia.

De acuerdo a calificadas fuentes de tribunales, el resultado del estudio forense dejó a más de uno con la boca abierta: es que al principio se especuló con que Rovetta pudo efectuarse dos disparos en la zona media del cuerpo y, al no conseguir el aparente propósito que perseguía, gatilló el arma por tercera vez sobre su cabeza.

Esa última bala, que se creía la mortal, le provocó un orificio de entrada y otra de salida, luego de recorrerle el cráneo de lado a lado.

Sin embargo, los legistas indicaron que el proyectil que le causó el deceso no fue ese. ¿Entonces pudo tratarse de un homicidio y la escena montada? “No podemos descartar ninguna hipótesis”, refirió un vocero consultado por el diario EL DIA.

Por ahora, el expediente, que dirige la doctora María Eugenia Di Lorenzo, avanza entre sospechas y pericias. Porque serán clave los testimonios, lo que arroje el barrido de las cámaras de la zona, la trazabilidad del arma de fuego y, fundamentalmente, el dermotest.

Según una versión, al momento en que habría ocurrido el episodio, vieron salir a dos rodados a toda velocidad. ¿Una casualidad? Puede ser.

Tampoco pasó inadvertido que el 31 de enero pasado Rovetta había recibido una grave denuncia en su contra por una situación con un menor.

Desde su entorno mencionaron que estaba deprimido, que repetía frases preocupantes y, que poco antes de su trágico final, se despidió de una hija con un abrazo, "como jamás hacía".

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