Lo que arrancó como una investigación por femicidio, con una eventual condena de prisión perpetua, terminó con una pena de cinco años de prisión. En el medio hubo una reconstrucción tridimensional realizada por especialistas de Gendarmería Nacional y la Policía Federal que modificó la hipótesis sobre cómo se produjo el disparo que mató a una joven en Etcheverry, en 2020.
La noche del hecho, una familia de origen boliviano se había reunido en una vivienda de 263 entre 44 y 45 para celebrar y agradecer a la Pachamama. Cerca de las 23, mientras compartían ese momento en la casa de allegados de la víctima, un disparo interrumpió la celebración.
La joven era Ángela Correa, tenía 24 años, era de nacionalidad boliviana y trabajaba en la horticultura. El proyectil ingresó a la altura del abdomen. Sus familiares intentaron asistirla de inmediato, pero las lesiones fueron mortales. Personal del SAME que llegó al lugar no pudo hacer más que constatar su muerte.
En medio de la conmoción, el hombre que estaba con ella, Roger Misael Cata Tarraga, también boliviano y de 25 años en ese momento, escapó de la vivienda. Fue encontrado poco después por efectivos de la comisaría de Olmos.
Cuando fue detenido llevaba un revólver calibre .22, el arma que en un primer momento fue considerada como la utilizada para provocar la muerte.
La investigación avanzó inicialmente sobre la hipótesis de un homicidio agravado por el vínculo y en un contexto de violencia de género. Para la acusación, Cata Tarraga había disparado de manera intencional contra su pareja. El escenario planteaba una posible condena a prisión perpetua.
Pero con el avance de la causa comenzaron a aparecer elementos que pusieron en duda aquella primera reconstrucción.
Cata Tarraga sostuvo durante el proceso que no recordaba lo ocurrido. También afirmó que no existían problemas de pareja y que nunca había habido denuncias por violencia ni antecedentes de maltrato hacia la mujer.
La defensa comenzó entonces a cuestionar que se hubiera tratado de un ataque deliberado.
RECONSTRUCCIÓN
El giro central llegó con una reconstrucción tridimensional del hecho, realizada con la intervención de especialistas de Gendarmería Nacional y la Policía Federal.
Los peritos recrearon la escena en la misma vivienda donde se produjo el disparo. Para hacerlo utilizaron también a una mujer con características físicas similares a las de Ángela Correa. A partir de esa reconstrucción analizaron posiciones, trayectorias y distintos elementos presentes en el lugar, y complementaron los resultados con los estudios de balística.
Uno de los datos determinantes fue la trayectoria del proyectil: el disparo mortal se produjo de abajo hacia arriba.
La conclusión adquirió especial importancia al ser contrastada con la reconstrucción de la escena. La nueva evidencia permitió sostener una hipótesis diferente de la que había guiado la acusación durante buena parte del expediente: el disparo había sido accidental y no producto de una decisión deliberada de matar.
También cobró relevancia el contexto de la relación. Durante la investigación no aparecieron denuncias previas por violencia de género ni antecedentes de maltrato entre la pareja.
La defensa, además, explicó que el revólver se encontraba en la propiedad por un motivo vinculado con un hecho de inseguridad ocurrido años antes. Cata Tarraga había sufrido un asalto en su quinta de Etcheverry y, a partir de ese episodio, mantenía el arma en el domicilio.
El hombre había estado seis años preso, una circunstancia que fue incorporada al análisis del expediente, aunque no estuvo vinculada con antecedentes de violencia contra su pareja.
El cambio en la reconstrucción del hecho tuvo consecuencias directas sobre la situación procesal de Cata Tarraga. Las partes acordaron un juicio abreviado con una pena de cinco años de prisión. El acuerdo fue homologado por el juez Ramiro Fernández Lorenzo y Cata Tarraga recuperó la libertad.
El abogado defensor, Ezequiel Grasso, explicó que la nueva evidencia no resultaba compatible con la hipótesis inicial de un femicidio.
“No encajaban con la hipótesis de un femicidio. No había denuncias previas por violencia ni antecedentes de maltrato entre la pareja. Además, el episodio había ocurrido en una propiedad perteneciente a familiares de la víctima, en una zona rural donde ambos trabajaban la tierra”, señaló.
Y planteó el interrogante que, según explicó, atravesó la estrategia de la defensa: “La pregunta que se planteó la defensa fue sencilla: si Cata Tarraga había querido matar a su pareja, ¿por qué hacerlo en la casa de unos tíos y en medio de un ámbito familiar?”.