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Crimen en la escuela

Mientras San Cristóbal despide a Ian, se resuelve el futuro de su asesino: es inimputable

La comunidad está conmovida

Un chico matando a otro chico, en la escuela. Apenas nueve palabras que, combinadas, revelan la magnitud de la tragedia que sacude a la localidad santafesina de San Cristóbal y replica en el resto del país. Veinticuatro horas después, surgen las preguntas: ¿Cómo siguen los alumnos que resultaron heridos durante el ataque en la escuela Mariano Moreno? ¿Qué pasará con el homicida? ¿Pudo prevenirse?

Con respecto al estado de los estudiantes que recibieron asistencia médica, los seis que ingresaron inicialmente a la Guardia del hospital local con heridas superficiales, ya fueron dados de alta. Distinta es la situación de los dos que fueron  derivados: el alumno de 13 años que ingresó originalmente al Hospital Regional Dr. Jaime Ferré de Rafaela, está internado en la Unidad de Cuidados Especiales del Hospital de Niños “Dr. Orlando Alassia” de la capital provincial,  con monitoreo y control clínico.

El segundo estudiante, de 15 años, trasladado al Hospital de Rafaela, continúa en sala de internación general de ese establecimiento, con una evolución estable de sus lesiones superficiales.

El agresor, en tanto, pasó la noche en un lugar de resguardo junto a su madre y esta mañana fue trasladado a un centro de alojamiento de menores de Santa Fe. Tiene 15 años y es inumputable, ya que la nueva Ley Penal Juvenil aprobada en marzo de 2026 necesita 180 días para entrar en vigencia, de modo que no podrá ser juzgado por un tribunal.

La tercera pregunta, no tiene ni tendrá respuesta verificable.

Mientras tanto, familiares, amigos y vecinos del chico asesinado, Ian Cabrera, lo despiden en medio de escenas desgarradoras. Tenía 13 años y hacía muy poquitos días que había comenzado el primer año de secundaria en la escuela donde terminó acribillado a escopetazos.

La puerta de ese colegio fue el lugar que eligió la comunidad de San Cristóbal para encender velas y pegar carteles con pedido de justicia para Ian. También para congregarse anoche en una manifestación en la que predominaron el respeto y el silencio.

El impacto del hecho es profundo en una ciudad donde, según coinciden los propios vecinos, “todos se conocen”.

LA DEFENSA

El abogado que representa al menor atacante dijo que se encontraba bajo tratamiento psicológico y había atravesado episodios de autolesiones previos al ataque.

Néstor y Macarena Oroño indicaron además que el joven no había manifestado conductas violentas hacia terceros, en el marco de la causa en la que se lo acusa de matar a un compañero y herir a otros ocho.

Por otro lado, los compañeros de este alumno aseguraron que “nunca sufrió bullyng” y que, “si no lo frenaban, hubiera matado a más personas”. Lo describieron como “tranquilito”, al punto que no lo imaginaron capaz de ejecutar “esa tragedia”.

“Nosotros estábamos en el colegio y él le preguntó a un compañero ´dónde quedaba el baño de hombre´ y cuando va al baño se escucha el primer estruendo”, relataron los chicos, que no tardaron mucho en advertir que esos sonidos salían del caño de una 12/70. Y empezaron a correr.

Según comentaron algunos alumnos, la mamá del agresor era víctima de abusos permanentes por parte del padre del joven, quien, además, se drogaba. Por otro lado, el padrastro del chico también tenía problemas con las adicciones y la mamá, cuentan, "intentó suicidarse".

Otras versiones sugieren que pudo tratarse de un episodio impulsivo de parte del tirador, en medio de una condición psicológica inestable, que incluiría algunos episodios fallidos de autoeliminación. También se dijo que el ataque estaba planificado en detalle, aunque se desconoce si Ian era el objetivo o se trató de un daño colateral.

EL ARMA

Lo que se analiza también es cómo el agresor logró llevar el elemento utilizado para cometer la masacre hasta el interior del establecimiento, lo que abre cuestionamientos sobre los controles y las medidas de prevención.

Usó una escopeta calibre 12/70, propiedad de un abuelo, con la que efectuó al menos cuatro disparos. Al parecer, la llevó oculta en un buzo y no en el estuche de una guitarra como se dijo.

Los padres, separados hace años, ya se pusieron a disposición de las autoridades para ayudar en cuanto se pueda con la investigación, a sabiendas de que su hijo no irá preso. El foco también se posa sobre la necesidad de fortalecer los espacios de escucha, contención y detección temprana de conflictos dentro de las instituciones educativas.

La escuela enfrenta ahora el desafío de acompañar a estudiantes y docentes en un proceso de duelo tan inesperado como profundo. Lo ocurrido deja al descubierto una problemática compleja, que se pensó era exclusiva de otras sociedades, pero que llega para interpelar a toda la sociedad. Porque cuando la violencia irrumpe entre chicos, el impacto es aún más devastador.

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