La Justicia de La Plata pidió la prisión preventiva para Nicolás Rodríguez y Daniela Silva Muñoz, los dos empleados del Senado bonaerense acusados de múltiples abusos sexuales contra jóvenes militantes y trabajadoras legislativas, en un caso que generó fuerte impacto institucional y político.
El requerimiento fue presentado por la fiscal Betina Lacki ante el juez de Garantías Juan Pablo Masi, tras una serie de declaraciones indagatorias y testimoniales que, según consideró la acusación, aportaron pruebas suficientes para sostener la imputación y mantener detenidos a los sospechosos mientras avanza la investigación.
Los imputados están acusados de abuso sexual con acceso carnal agravado, privación ilegal de la libertad y violación de domicilio, en al menos nueve hechos. La fiscal sostuvo que la prisión preventiva resulta necesaria tanto para asegurar el proceso judicial como para resguardar a las víctimas.
Durante la última semana declararon docentes, estudiantes, amigas y compañeras de militancia de las denunciantes, la expareja de una de ellas y una funcionaria municipal, lo que permitió ampliar el cuadro probatorio.
Ahora el magistrado deberá convocar a una audiencia presencial con las partes, prevista para los próximos días, tras la cual definirá si ratifica la prisión preventiva.
La causa se originó a partir de denuncias presentadas por cuatro mujeres, dos de ellas en 2019 y otras dos en 2025. Los acusados eran dirigentes de una agrupación política kirchnerista y se desempeñaban como empleados de planta permanente en la Legislatura bonaerense.
Según las denuncias, utilizaban su posición de poder y promesas de oportunidades laborales o educativas para captar a jóvenes, a quienes luego sometían a un sistema de manipulación psicológica y sexual.
Las víctimas relataron que los abusos ocurrieron en domicilios particulares, departamentos, oficinas del Senado e incluso en contextos vinculados a la militancia política.
En algunos casos, señalaron que una de las imputadas facilitaba el acceso del otro acusado a las jóvenes, presenciaba los episodios o participaba activamente en la dinámica de sometimiento. En resoluciones previas, el juez Masi había señalado que las víctimas eran encerradas para impedir que escaparan y que, tras los abusos, eran perseguidas.
Rodríguez -que se hacía llamar "Sensei" de la "Orden de la Luz"- y Muñoz tienen un recorrido político en agrupaciones periféricas del peronismo de La Plata. El “Movimiento La Capitana” participó de marchas y acompañamiento a candidatos desde hace más de una década. Además de utilizar la militancia como instrumento de captación o acercamiento a posibles víctimas, Rodríguez era docente en una escuela secundaria de la ciudad. Y tenía participación activa en clubes de barrio porque jugó y fue entrenador de básquet.
Muñoz se incorporó a las áreas de genero de la agrupación política y de un gremio de estatales. “En lugar de cuidar a las integrantes de la organización la acusada utilizaba su posición para persuadir a las mujeres a asistir a su domicilio particular o incluso a su propia oficina dentro del Senado bonaerense donde luego eran abusadas por Rodríguez”, detalló la fiscal en su pedido de detención.
El caso presenta un alto nivel de gravedad institucional y revela algún déficit en la reacción de organismos públicos dedicados a prevenir abusos. “Incumplió su deber de protección como referente de género y convirtió los espacios institucionales y su autoridad en herramientas de captación y sometimiento para beneficio sexual de la pareja”, describe Lacki en su escrito para pedir la detención.