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Dramático relato de un carnicero de Tolosa

"Dormir en el negocio", la nueva moda que impone la inseguridad en La Plata

IA

Lo que hace apenas unas semanas parecía una escena extrema en City Bell -comerciantes que se quedaban a dormir dentro de sus locales para evitar nuevos robos- dejó de ser una excepción para transformarse en una postal cada vez más frecuente y preocupante en distintos barrios de La Plata. Ahora, esa misma imagen se replica en Tolosa, donde dueños de negocios aseguran que no les quedó otra opción que pasar las noches dentro de sus comercios para intentar frenar una seguidilla de ataques que no se detiene.

El fenómeno expone con crudeza una realidad alarmante: vecinos y comerciantes que, agotados por los robos reiterados y la falta de respuestas, empiezan a asumir por su cuenta una tarea que -entienden- debería ser garantizada por las autoridades de turno. Lo hacen con miedo, con angustia y, sobre todo, poniendo en juego su propia integridad física.

En los últimos meses, se viene reflejando el deterioro de la seguridad en distintos puntos de la zona norte de la Ciudad. Primero fue el caso de City Bell, donde comerciantes del centro comercial de Cantilo contaron que algunos colegas decidieron dormir dentro de sus negocios tras sufrir reiterados ataques durante la madrugada. Entonces, aquella decisión extrema ya había encendido una alarma: ¿qué sucede cuando una persona siente que su única defensa es exponerse a un eventual enfrentamiento con delincuentes?

Ahora la misma pregunta vuelve a instalarse, pero esta vez en Tolosa. “Hace un mes que me quedo a dormir en la carnicería por los robos”, contó Juan Coronel, comerciante de la zona de 520 y 2 bis, en diálogo con La Redonda 100.3. Su relato no deja margen para interpretaciones: describe una rutina atravesada por el cansancio, la impotencia y la sensación de abandono. “Se te meten. No te sirve de nada tener alarmas ni otro sistema. No sirve de nada”, lamentó.

Juan Coronel

Según explicó, en apenas un mes sufrió cuatro hechos delictivos. La última vez, los ladrones intentaron ingresar a la verdulería lindera. Él estaba adentro de su local, escuchó los ruidos y salió.

La escena, que podría parecer propia de una película, hoy forma parte de su cotidianeidad.

“Uso una barreta como arma. Nos turnamos con los comerciantes y con vecinos del barrio porque todos sufrimos la inseguridad”, relató. La frase resume con crudeza el nivel de desesperación al que llegaron en ese sector de Tolosa: comerciantes organizándose en guardias nocturnas para custodiar sus propios negocios.

No se trata de un sereno. No es seguridad privada. Son trabajadores que, después de jornadas extensas, resignan horas de descanso y se quedan dentro de sus locales para evitar que al día siguiente todo aparezca destrozado.

“ESTE TRABAJO ES MI VIDA”

“Mi familia está en contra, pero este trabajo es mi vida. Tengo que arriesgarme”, explicó Coronel. Detrás de esa frase aparece otra dimensión del problema: la económica. Para muchos comerciantes, un robo no implica solo un daño material; significa poner en riesgo la continuidad del negocio.

“Yo vivo de esto. Si me roban, ¿cómo hago para cubrir mis gastos?”, planteó angustiado.

La situación es más delicada porque, además de su local, carga con responsabilidades familiares: tiene dos hijos -uno con discapacidad- y una familia que depende directamente de ese ingreso.

“Es mi vida. No tengo otra que defender lo mío”, resumió.

El problema, sin embargo, trasciende lo individual. Según describió, el barrio atraviesa una seguidilla de hechos delictivos que golpea a todos. “Al verdulero le entraron siete veces”, contó. Y explicó que entre se turnan para dormir en los locales. “Hacen ruido y se van porque saben que estamos”.

El dato, lejos de transmitir tranquilidad, abre otro interrogante inquietante: ¿qué puede ocurrir si los delincuentes deciden no huir?

Ese es justamente el punto más delicado de esta nueva modalidad defensiva. Dormir en un comercio puede parecer una respuesta desesperada ante la inseguridad, pero también supone exponerse a una situación potencialmente dramática. Un enfrentamiento, una reacción violenta, un arma de por medio: el riesgo es evidente.

Y, sin embargo, quienes toman esa decisión sienten que no tienen otra salida. “En el último intento de robo salí a correrlos. Te jugás la vida, pero si me roban, ¿cómo hago?”, contó Coronel.

En su relato aparece otro elemento que aumenta la sensación de descontrol: la ausencia policial. “Acá no hay patrullero”, dijo. Según explicó, en consonancia con los reclamos planteados desde la Asamblea Vecinal de Tolosa, se han realizaron múltiples denuncias, pero sienten que las respuestas son insuficientes o directamente no aparecen.

En ese sentido, Eduardo Hache, un referente barrial, a cada oportunidad que puede recuerda la existencia de un acta compromiso firmada por una funcionaria del Ministerio de Seguridad, donde se acordaron una serie de medidas, que siguen brillando por su ausencia.

Entonces lo que antes parecía una reacción extrema hoy empieza a repetirse en distintos barrios de La Plata. Y ahí aparece la señal más preocupante: los platense ya no esperan respuestas, actúan por su cuenta. El delito dejó de medirse sólo en denuncias; ahora también se mide en noches sin dormir y personas que sienten que defender lo suyo puede costarles la vida.

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