Entre el 1° de enero de 2016 y julio de 2026, un total de 717 personas murieron a raíz de la violencia vial en las calles y rutas del área de La Plata, Berisso y Ensenada.
La distribución de los episodios muestra una severa disparidad geográfica: la capital bonaerense absorbió el grueso de las tragedias con 617 víctimas fatales, mientras que Berisso contabilizó 61 y Ensenada 39. De este modo, casi el 90 por ciento de los decesos se produjeron en suelo platense, donde el constante flujo vehicular y las conexiones interurbanas tensionan a diario una trama vial con visibles deficiencias. En casos, como el de la ruta 2, son vías principales del flujo de tránsito a nivel nacional.
Los alarmantes datos surgen de un informe elaborado por el Observatorio de Datos Estratégicos, una entidad de reciente creación que cuenta con la participación de Corazones Azules, la asociación platense dedicada desde hace años a concientizar e intervenir sobre la problemática de la seguridad vial en la Región y el país.
La radiografía trazada por la institución demuestra que el fenómeno responde a pautas claras en cuanto a los actores involucrados, los perfiles de las víctimas y las variables de tiempo y espacio.
El desglose de los números identifica con nitidez a los usuarios más vulnerables del espacio público. Los motociclistas encabezan la nómina fatídica con 384 víctimas fatales, lo que representa el 53,55% del total de las muertes registradas en la década.
Detrás se ubican los automovilistas con 183 casos, los peatones con 98 y los ciclistas con 52.
TRES DE CADA CUATRO VÍCTIMAS, VARONES
Asimismo, el informe expone una notoria brecha de género: el 76,15% de los fallecidos fueron hombres (546 casos) frente a 171 mujeres, lo que evidencia una mayor exposición masculina a conductas de riesgo, principalmente durante la conducción nocturna.
La franja horaria resulta determinante, dado que la noche y la madrugada concentraron 346 muertes (48,25%), al tiempo que los sábados (162) y domingos (126) se erigieron como los días más críticos.
Frente a este escenario, Pedro Perrotta, titular del Observatorio y de Corazones Azules, sostuvo que “estamos frente al resultado de decisiones y muchas veces, de la ausencia de ellas”.
Según el especialista, la fatalidad de los números muestra que los siniestros viales son la primera causa de muerte en jóvenes de 17 a 36 años. Si se mira el fenómeno, se podrá entender a qué se debe eso, indicó: “Las ciudades crecieron, aumentó el parque automotor y las motocicletas se multiplicaron como herramienta de trabajo y de movilidad. Sin embargo, la infraestructura vial, la educación, los controles y la planificación no evolucionaron al mismo ritmo. Esa diferencia hoy se mide en vidas humanas”.
Para revertir esta tendencia, Perrotta planteó una serie de recomendaciones concretas que apuntan a la prevención integral.
En primer lugar, remarcó que las motocicletas deberían comercializarse patentadas, con casco homologado y todos los elementos de seguridad obligatorios desde el momento de la entrega.
Asimismo, subrayó que la educación vial debe incorporarse de manera sistemática en la formación escolar y reforzarse en el proceso de obtención de licencias.
Por otra parte, instó a que los controles sean permanentes, previsibles y apoyados por tecnología, superando los operativos esporádicos.
Finalmente, consideró indispensable intervenir en los corredores de mayor riesgo —como las avenidas 44, 60, 66, 520, los Caminos Centenario y Belgrano y la Autopista— mediante mejoras en iluminación, señalización, pavimento y semaforización.
La ruta 2, en su paso por La Plata también mostró todo su peligro: 30 muertes en la última década, sólo en un tramo con eje en el kilómetro 45, localidad de El Peligro. Los vecinos, hartos de la muerte y el dolor, protestan sobre la calzada, cada sábado.
Entre el 1° de enero de 2016 y julio de 2026, un total de 717 personas perdieron la vida a raíz de la violencia vial en las calles y rutas de la región comprendida por La Plata, Berisso y Ensenada.
La distribución de los episodios muestra una severa disparidad geográfica: la capital bonaerense absorbió el grueso de las tragedias con 617 víctimas fatales, mientras que Berisso contabilizó 61 y Ensenada 39.
De este modo, casi el 90 por ciento de los decesos se produjeron en suelo platense, donde el constante flujo vehicular y las conexiones interurbanas tensionan a diario una trama vial con visibles deficiencias.
Los alarmantes datos surgen de un informe elaborado por el Observatorio de Datos Estratégicos, una entidad de reciente creación que cuenta con la participación de Corazones Azules, la asociación platense dedicada desde hace años a concientizar e intervenir sobre la problemática de la seguridad vial en la Región y el país.
La radiografía trazada por la institución demuestra que el fenómeno responde a pautas muy claras en cuanto a los actores involucrados, los perfiles de las víctimas y las variables de tiempo y espacio.
El desglose de los números identifica con nitidez a los usuarios más vulnerables del espacio público. Los motociclistas encabezan la nómina fatídica con 384 víctimas fatales, lo que representa el 53,55% del total de las muertes registradas en la década, se detalló.
Detrás se ubican los automovilistas con 183 casos, los peatones con 98 y los ciclistas con 52.
Asimismo, el informe expone una notoria brecha de género: el 76,15% de los fallecidos eran hombres (546 casos) frente a 171 mujeres, lo que evidencia una mayor exposición masculina a conductas de riesgo, principalmente durante la conducción nocturna.
DE NOCHE Y EL FIN DE SEMANA
La franja horaria resulta determinante, dado que la noche y la madrugada concentraron 346 muertes (48,25%), al tiempo que los sábados (162) y domingos (126) se erigieron como los días más críticos.
Frente a este escenario, Pedro Perrotta, titular del Observatorio y de Corazones Azules, sostuvo que “estamos frente al resultado de decisiones y muchas veces, de la ausencia de ellas”.
Según el especialista, la fatalidad de los números muestra que los siniestros viales son la primera causa de muerte en jóvenes de 17 a 36 años. Si se mira el fenómeno, se podrá entender a qué se debe eso, indicó: “Las ciudades crecieron, aumentó el parque automotor y las motocicletas se multiplicaron como herramienta de trabajo y de movilidad. Sin embargo, la infraestructura vial, la educación, los controles y la planificación no evolucionaron al mismo ritmo. Esa diferencia hoy se mide en vidas humanas”.
Para revertir esta tendencia, Perrotta planteó una serie de recomendaciones concretas que apuntan a la prevención integral. En primer lugar, remarcó que las motocicletas deberían comercializarse patentadas, con casco homologado y todos los elementos de seguridad obligatorios desde el momento de la entrega.
Asimismo, subrayó que la educación vial debe incorporarse de manera sistemática en la formación escolar y reforzarse en el proceso de obtención de licencias. Por otra parte, instó a que los controles sean permanentes, previsibles y apoyados por tecnología, superando los operativos esporádicos.
Finalmente, consideró indispensable intervenir en los corredores de mayor riesgo —como las avenidas 44, 60, 66, 520, los Caminos Centenario y Belgrano y la Autopista— mediante mejoras en iluminación, señalización, pavimento y semaforización.
La ruta 2 mostró todo su poder de destrucción en las últimas semanas. Una secuencia de incidentes y muertes en el kilómetro 45, junto a la localidad de El Peligro dejó a la vista un saldo de 30 muertes en una década en ese punto. Los vecinos, hartos de todo eso, cortan la calzada cada sábado.
En el Observatorio citan respuestas que se dieron en otros países como ejemplos para aplicar. “España logró disminuir en forma sostenida las víctimas fatales mediante una política integral basada en educación, fiscalización permanente, mejoras en la infraestructura y campañas públicas continuas. Suecia, con su estrategia `Visión Cero´, fue todavía más lejos al asumir que ninguna muerte en el tránsito resulta aceptable y que el sistema debe diseñarse para minimizar las consecuencias de los errores humanos”, apuntó Perrotta.