"Bienvenido": en un asalto, torturan a un vecino a una cuadra y media del despacho del nuevo jefe de Policía de La Plata

La Plata continúa en estado de alerta en materia de inseguridad. En las últimas horas tuvo lugar un nuevo episodio de inseguridad que vino a confirmar la denuncia que vienen haciendo los vecinos de que se encuentran inmersos en un escenario en el que el asedio de “la delincuencia es agobiante”.

Muchos de ellos se declaran totalmente desesperanzados con respecto al futuro.

El pesimismo es tal que, pese al reciente cambio de Jefe de la Departamental, (el Comisario Sergio Gómez por su colega, el Comisario Carlos Goyena), nadie vislumbra, al menos en el corto plazo, que pueda haber una solución a las dramáticas situaciones que se viven a diario en toda la geografía platense.

Según se conoció, un grupo de al menos tres delincuentes armados y con el rostro completamente cubierto perpetró ayer por la madrugada un feroz golpe en una vivienda ubicada en 59 entre 11 y 12.

Los ladrones, que sorprendieron a la víctima mientras dormía, no escatimaron en violencia y la castigaron brutalmente.

No solo hubo daño físico. Los intrusos también incurrieron en un tremendo daño psicológico, ya que en repetidas ocasiones llevaron a cabo simulacros de fusilamiento con las armas que portaban y técnicas de torturas que se llegaron a aplicar durante las épocas más oscuras tanto de la historia mundial como de la propia Argentina.

Según relató la víctima a la Policía, los sujetos ingresaron a la casa alrededor de las 2.30 por el frente de una morada de dos plantas luego de escalar un muro y barretear una puerta.

Siempre en base a la versión policial, actuaron con tal nivel de sigilo y astucia que nadie llegó a advertir la presencia de intrusos sino hasta que llegaron al living de la casa, luego de haber recorrido y registrado un taller y dos habitaciones ubicadas en la planta baja.

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Fue en ese momento que el damnificado, de 65 años, se despertó.

De forma inmediata se dio cuenta de que había intrusos en su vivienda. Entre dormido, el hombre avanzó por un pasillo hasta el living decidido a repeler la amenaza. Jamás imaginó que en el seno de su hogar lo estaba esperando un grupo de profesionales del delito que lo terminó haciendo vivir momentos de terror.

Apenas ingresó a este ambiente, dos haces de luz lo encandilaron. Cuando intentó abrir los ojos para observar su entorno, un sujeto se abalanzó sobre él, lo tomó por el cuello y le apoyó en su cabeza un arma calibre 38.

En ese minuto las prioridades cambiaron para este hombre. Su suerte estaba echada y lo único que le quedaba por hacer ante tanta vehemencia y ferocidad era intentar sobrevivir.

“Dónde están los dólares”, fue lo primero que preguntó el delincuente que lideraba el clan.

“Sabemos que hace poco cobraste una herencia. Estás dulce. No podés negarlo. Dame la plata o vas a sufrir”, fue la terrible advertencia que lanzó el intruso a cargo quien, según expuso la víctima, tenía un claro acento extranjero, como si se tratara de un “ciudadano de un país limítrofe”.

Confundido, el dueño de casa intentó poner a resguardo sus posesiones y en repetidas ocasiones sostuvo que no tenía dinero y que se habían equivocado de persona.

Dando por sentado que en esa casa había dólares, el “jefe” dio la orden a sus secuaces de que “prepararan todo”.

Aquella frase bastó para que los delincuentes dieran inicio a una verdadera sesión de tortura.

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Buscaron un recipiente con agua. Tomaron una prenda del damnificado. Y luego de obligarlo a que se sentara en una silla le ataron las manos y pusieron en marcha el “submarino”.

AHOGADOS POR TANTA INSEGURIDAD

La técnica del “waterboarding”, como se conoce en la jerga urbana, consiste en inmovilizar al individuo bocarriba sobre una tabla, cubrirle la cara con un paño y verterle agua en la boca y nariz para generar la sensación de ahogamiento.

Este cruel método fue aplicado una y otra vez por lo menos por una hora.

Así se desprende del testimonio de la víctima quien sostuvo ante la policía que “lo torturaron hasta que comenzó a salir el sol”.

El hombre mantuvo su férrea posición todo lo que pudo. Pero al final lograron doblegar su voluntad y terminó indicando, muy a su pesar, donde se encontraba el fruto de tantos años de esfuerzo y sacrificio.

Fue así que el hombre entregó a los asaltantes un total de 500 mil pesos argentinos y 10 mil dólares estadounidenses, una suma de divisas que equivale, aproximadamente, a 10 millones de pesos.

Una vez que el sujeto tuvo en su poder los billetes, dio instrucciones al resto de la banda para abandonar el lugar.

Por estas horas, los esfuerzos están puestos en recolectar las imágenes captadas por las cámaras de seguridad de la zona con el objetivo de identificar los vehículos que a esa hora rondaron por la zona ya que el hombre sostuvo que los sujetos hablaron de “un auto” cuando dejaban su domicilio.

También está bajo análisis la hipótesis de un entregador. Todas las conjeturas que giran en torno al caso, comenzarán a confirmarse o descartarse en las próximas horas a medida que se vayan conociendo los resultados del análisis del material probatorio recolectado en la escena.

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