La amenazaron con las peores cosas, se descompensó del miedo en un asalto y uno de los encapuchados le preparó un té

Un matrimonio y su hija atravesaron ayer por una experiencia aterradora en su casa de la localidad de Abasto, donde irrumpieron varios delincuentes encapuchados y con armas que los retuvieron durante casi tres horas y los sometieron a tremendas amenazas para robarles todo lo que pudieron.

En determinado momento la dueña de casa se descompensó y uno de los ladrones le hizo un té para que se calmara, pero eso no evitó que avanzaran con su plan.

La secuencia comenzó alrededor de las 5 de la mañana del jueves en una propiedad de  203 y 526, en donde irrumpieron siete sujetos con pasamontañas, ropas oscuras y guantes de jardinero, después de arrancar la reja de una ventana trasera.

"Lo más bravo de todo fue cuando algunos de los delincuentes se llevaron afuera a mi hermana”, contó al diario EL DIA el hijo de la pareja, Sebastián (38), que no estaba en la vivienda al momento del hecho ya que vive con su familia en Olmos.

Según el muchacho, la banda usó ese recurso como "estrategia para presionar a mis padres (de 63 y 68 años) y asustarlos para que les dieran todo el dinero que había en la casa”. Tanto les resultó, que la mujer se descompensó.

Entonces, los que se preocuparon fueron los intrusos. Sebastián reveló que, en un intento por tratar de calmarla, “uno de los delincuentes le sirvió a mamá una taza con té, además de pedirle que se tranquilizara”.

Mientras tanto, los agresores se repartían roles para revisar distintas partes de la vivienda, en busca de dinero y todo lo de valor que encontraran. Al matrimonio lo llevaron  al comedor, donde los dejaron sentados, mientras que a la joven la mantuvieron en el fondo de la casa, sin agredirla.

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Después de permanecer dos horas y media en la casa, los ladrones escaparon por fin con  dinero, dos teléfonos celulares, aritos, un generador eléctrico, artículos electrónicos y tres vehículos: un Volkswagen Voyage modelo 2012 de la familia y dos camionetas de un negocio de venta de insumos para el agro al que la pareja le alquila el local y está conectado con la casa por el lavadero.

Pese a reconocer que sus familiares afrontaron en ese lapso “mucho miedo e incertidumbre”, rescató Sebastián que “al menos no los golpearon ni los ataron". Ponderó también la actuación del comisario de Abasto y su personal, que llegaron "rápido y trabajaron durante muchas horas".

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