Profesionales del delito dieron otro golpe en La Plata

Desde hace años, a raíz del enquistamiento de la delincuencia en la zona de Villa Elvira, vecinos, amigos y familiares le venían recomendando que abandonara la idea de mantener la fachada original de la casa en la que vivió gran parte de su vida y pusiera rejas, alarma y cámara de seguridad.

La respuesta ante cada insistencia de sus seres queridos era la misma: “Quiero que siga pareciendo lo que en realidad es, una casa de familia. Si le pongo rejas voy a sentir que estoy en una cárcel”.

Por eso, la irrupción de tres delincuentes en su domicilio el pasado viernes no sólo se trató de un robo. También significó la caída del último bastión de una “época en la que se podía vivir con tranquilidad”.

Es que la vivienda, con sus condiciones edilicias originales, era el reflejo de un barrio que durante muchos años se caracterizó por ser un sector tranquilo, de casas bajas y compuesto por familias de trabajadores que podían compartir charlas y mates en la vereda hasta tarde, sin preocuparse por las explosiones de caños de escape y los motochorros.

“Ahora no tengo opción. Voy a tener que poner una reja de dos metros. Me veo obligada a tener que vivir tras los barrotes. Perdí la batalla”, expuso ayer Marisa, una vecina que ayer sufrió por segunda vez en menos de dos años la amarga experiencia de encontrarse cara a cara con delincuentes en su hogar ubicado en 73, entre 8 y 9.

Según señaló, promediaban las 9 de la noche cuando un sujeto se presentó en la entrada de su casa. Por espacio de 10 minutos permaneció en el lugar alternando entre tocar la puerta y repitiendo la palabra “hola”.

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Marisa no atendió ninguno de sus llamados ya que por una ventana lateral había verificado que se trataba de un desconocido. Pero, según proyecta, esa indiferencia le costó muy caro ya que fue la luz verde que necesitaban los ladrones para ingresar. La mujer presume que los ladrones se animaron a tirarle la puerta abajo pensando que no había nadie en la casa.

“Seguramente estaban intentando llevar adelante un escruche porque uno de ellos se quedó tan sorprendido como yo cuando nos encontramos en el living”, rememoró.

“Apenas me vio me dijo ‘Policía’ e inmediatamente me preguntó si estaba sola en la casa. Cuando se lo confirmé movió la cabeza hacia adelante y entraron otros dos hombres”, precisó al tiempo que describió a los ladrones como “verdaderos profesionales”.

“Se nota que se dedican a esto. Uno tenía puesto debajo de la ropa lo que parecería ser un chaleco antibalas. Y cada uno tenía puesto barbijo, gorra y guantes de látex negros. Además, se comunicaban entre ellos con auriculares. Todo el tiempo permanecieron en calma.”, detalló la víctima.

Indicó que, mientras dos revisaban la casa, el que parecía estar a cargo la retuvo en su habitación. “Me mantuvo bloqueada y me tapó la boca para que no gritara”, sostuvo.

Luego de 20 minutos, los ladrones salieron de la casa con una televisión, un celular y una bolsa con bijouterie. El botín, que podría haber sido más abultado de no ser por el asalto que sufrió a fines del 2020, fue cargado en un auto que los estaba esperando en la puerta.

“Hacía quince días que había pagado la última cuota de la televisión. Me la compré después de que se llevaran la mía en el anterior robo. Y el celular era prestado”, destacó.

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“Lo que más lamento es el robo de una medallita de mi hermana fallecida y la profanación que hicieron de una caja en la que guardo los recuerdos de mis padres. Eso tardará en sanar”, manifestó con profundo pesar.

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