La inseguridad en La Plata dejó de ser una preocupación aislada para convertirse en una constante que atraviesa la vida cotidiana de los vecinos. En distintos barrios, desde el casco urbano hasta la periferia, se repiten los relatos de robos, entraderas y hechos violentos que generan un clima de tensión permanente. Frente a la sensación de desprotección que crece al ritmo de la desconfianza, las viviendas parecen fortificaciones y ahora en muchas reluce un método adicional de defensa: los alambrados eléctricos.
Se trata de sistemas domiciliarios que tienen entre 12.000 y 18.000 voltios, pero muy bajo amperaje, que los convierte en no letales.
Uno de los principales reclamos apunta a la falta de patrullajes y presencia policial sostenida. Los relatos son casi unánimes, que coinciden en que los recorridos son esporádicos y que, en muchos casos, los móviles llegan tarde o directamente no aparecen, incluso después de reiterados llamados al 911.
A esto se suma la percepción de que los sistemas tradicionales de seguridad ya no alcanzan. Cámaras, alarmas domiciliarias y hasta perros guardianes, históricamente considerados barreras disuasivas, parecen haber perdido efectividad frente a delincuentes cada vez más audaces y organizados.
"DISUADE, REPELE, ALERTA"
En ese contexto, comenzaron a ganar terreno las barreras eléctricas, alternativa que hasta hace algunos años era poco común en zonas residenciales: las barreras eléctricas. Se trata de un método que funciona como un obstáculo físico instalado en muros perimetrales y que emite descargas de tensión no mortales, pero sí lo suficientemente dolorosas como para evitar cualquier intento de intrusión.
Las hay en la Zona Norte, en el casco urbano y barrios de la periferia. Según explican quienes venden estos dispositivos, el sistema opera las 24 horas, los siete días de la semana y está diseñado para actuar en cualquier condición climática.
Además de la descarga eléctrica, cuenta con sensores que detectan cortes o manipulaciones en los alambres: ante cualquier intento de sabotaje, se activa una sirena y se envía una notificación inmediata al celular del propietario. De esta manera, no solo busca repeler al intruso, sino también alertar en tiempo real a la víctima del ataque.
“Disuade, repele y detecta”, repiten quienes promueven su uso, destacando que no puede ser manipulado fácilmente sin generar una respuesta del sistema. Para muchos vecinos, esta combinación de funciones representa una solución más efectiva frente a una realidad que consideran fuera de control.
Sin embargo, el avance de estos dispositivos también expone una problemática de fondo: ante la falta de respuestas estructurales, cada familia busca sus propios mecanismos de protección, generando una especie de carrera tecnológica contra el delito. Mientras tanto, el reclamo por mayor presencia policial y políticas públicas efectivas sigue vigente.
La Plata, en este escenario, se debate entre la necesidad de protegerse y la incertidumbre de vivir en una ciudad donde, según coinciden muchos de sus habitantes, la inseguridad dejó de ser un hecho excepcional para convertirse en parte de la rutina diaria.
En cuanto a la cuestión estrictamente legal, en el ámbito de comercialización de los sistemas de defensa electrificados hablan de un vacío legal, que habilita su uso.
"Hace 15 años se viene discutiendo por un ordenamiento jurídico. Incluso de dotar de matrícula habilitante a los instaladores. Pero, ante la falta de avance, se emplea la normativa internacional. La experiencia de otros países”, expresaron desde una empresa del rubro.
La colocación de unos diez metros lineales de cerco eléctrico rondaría los 400 mil pesos, valor que puede sufrir variaciones en relación a los diferentes formatos del tendido de los alambres.
“En La Plata la colocación de los alambrados electrificados creció exponencialmente después de la pandemia. Se trata de un sistema más de defensa que de prevención”, agregaron los informantes.
VILLA CASTELLS
La seguidilla de robos en Villa Castells tiene a los residentes de la localidad con los pelos de punta. Por eso muchos llegaron a la decisión extrema de buscar cómo protegerse del delito y han recurrido a los alambrados electrificados. Así, con carteles y “patadas”, buscan encontrar la tranquilidad perdida.