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En la zona de Los Talas

La desaparición de los pescadores reflotó un misterio de hace 29 años: tres taxistas "tragados" por el Río

La reciente desaparición de los cinco pescadores que partieron desde Hudson el 14 de junio revive el recuerdo de un caso que ocurrió hace casi tres décadas, pero sigue envuelto en un halo de misterio: es el de la llamada “Causa de los Náufragos”, ocurrida en 1997 en las costas de Berisso.

Los protagonistas de esa historia fueron Walter Teves (38), José Luis García (37) y Jorge Bueno (40), tres amigos, hinchas de Gimnasia y taxistas de La Plata, que el 23 de marzo de aquel año salieron a pescar desde la zona de Los Talas. Nunca volvieron. Tampoco apareció la embarcación de fibra de vidrio en la que navegaban.

Lo único que quedó fue el Fiat 147 que habían dejado estacionado cerca de La Balandra. Sin daños. Como si sus ocupantes se hubieran evaporado en el río.

Algo parecido ocurrió con los pescadores embarcados en Berazategui, quienes dejaron al menos dos camionetas, un semirrígido y un VW Gol a metros de la costanera, sin rastros de violencia alguno.

La investigación por el enigmático suceso en Berisso llegó en 1999 a manos del entonces fiscal Rubén Sarlo, quien revisó el expediente y aseguró haber encontrado numerosas irregularidades. Entre ellas, fotografías incorporadas por Prefectura que, según familiares, correspondían a otro tráiler y no al utilizado por los desaparecidos.

Sarlo también detectó indicios que alimentaron dudas sobre la hipótesis de un simple naufragio. Entre las pruebas figuraban una soga marinera, un remo partido y marcas de arrastre en una bajada al río. Elementos que sugerían que la historia podía ser mucho más compleja.

A ello se sumaron testimonios llamativos. El padre de uno de los desaparecidos aseguró haber visto a su hijo en una transmisión televisiva de una carrera de automovilismo. Cuando la Justicia pidió la grabación, la respuesta fue que el material había sido borrado para reutilizar los casetes. Otra familiar afirmó haber visto a Jorge Bueno en La Plata tiempo después de la desaparición, sentado en un automóvil. Según su relato, él le pidió que se alejara porque era peligroso permanecer cerca suyo. Ninguna de esas pistas pudo ser corroborada.

Hoy, la desaparición de Carlos y Claudio Kovach, Alejandro Boscardin, Damián Giubu y Sebastián Romegialli, quienes zarparon desde el Camping Hudson a bordo de la embarcación Chamigo-Ho, reflota preguntas similares.

Quiénes son los pescadores desaparecidos en el Río de la Plata?

Al igual que en 1997, los hombres salieron a pescar en condiciones climáticas favorables y dejaron sus vehículos en tierra. También como entonces, el río no ofreció respuestas inmediatas. Durante más de una semana no hubo rastros de la embarcación ni de sus ocupantes.

Recién en las últimas horas aparecieron algunos indicios: una campera y un tanque de combustible identificados por los familiares como pertenecientes a alguien del grupo. Los elementos fueron hallados flotando a unos 18 kilómetros de la costa, un hallazgo que reorientó el operativo de búsqueda en la zona de Atalaya, Magdalena.

Por ahora, las similitudes terminan allí. En el caso de Hudson, la principal hipótesis sigue siendo un accidente náutico. En la causa de los tres pescadores de Berisso, en cambio, nunca se descartaron otras posibilidades.

Con el paso de los años, incluso surgieron teorías vinculadas a actividades complejas en la Región y a posibles movimientos clandestinos sobre el río.

Lo que une a ambos expedientes no es una prueba concreta, sino algo más inquietante: la ausencia de certezas.

Dos embarcaciones, ocho hombres, familias esperando respuestas y un escenario común que sigue guardando secretos. El Río de la Plata, inmenso y silencioso, vuelve a convertirse en el centro de un misterio que todavía nadie logró explicar.

Además, ambos casos comparten un elemento que suele marcar las investigaciones más complejas: la falta de evidencias concluyentes. En 1997 nunca apareció la lancha de los tres amigos de Berisso y tampoco se encontraron cuerpos que permitieran reconstruir qué ocurrió aquella mañana. En el caso de Hudson, la embarcación sigue sin ser localizada y los pocos objetos recuperados hasta ahora apenas permiten trazar una posible ruta de deriva. Esa escasez de rastros alimenta las especulaciones y dificulta que las hipótesis puedan transformarse en certezas.

Son historias separadas por 29 años, pero unidas por una misma sensación: la de un río que, hasta ahora, se ha negado a revelar toda la verdad.

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