En un episodio que invierte el patrón estadístico más frecuente en las denuncias por delitos sexuales, un hombre se presentó en una dependencia policial de la Ciudad para testimoniar que fue víctima de abuso por parte de su expareja, a quien acusó de haberlo obligado a mantener un encuentro íntimo en oportunidad del festejo de cumpleaños de un hijo en común. Incluso, a causa de ese acto no consentido, la mujer quedó embarazada, de acuerdo a lo que consta en la presentación.
Siempre en base a la documentación oficial, cuando ocurrió el hecho denunciado, en el año 2014, ambos estaban separados, residiendo ella en La Plata y él en Rosario, donde desempeña funciones como taxista.
El hombre contó que en aquella ocasión viajó con motivo exclusivo de la celebración de mención y que a su término, en una vivienda de Melchor Romero y en horario nocturno, sucedió el evento no deseado.
El tiempo que tardó en pronunciarse, como suelen decir los especialistas, es el tiempo que le llevó procesar el acontecimiento y configurarlo dentro de un ataque contra su intimidad.
Volviendo al caso en concreto, siempre por lo que surge del contenido de la denuncia, la noche del hecho el hombre accedió a dormir en una misma cama con su expareja, porque no había otro colchón en la propiedad.
Así fue como, mientras el hijo estaba en una cuna, la mujer le exigió que tuvieran relaciones sexuales, bajo amenazas de que podía terminar en la calle.
En ese contexto, siendo que había viajado desde Rosario y, que no tenía cómo volverse en ese momento a su domicilio, es que mantuvo el contacto físico, pese a que, recalcó, había expresado en repetidas oportunidades su negativa.
Ya de regreso en Rosario, dos meses después, tomó conocimiento del embarazo de su expareja, por el que en agosto de 2015 nació una niña, que fue reconocida legalmente.
Como se dijo, pasados los años, el denunciante sostuvo que “recién hace unos tres meses” tomó dimensión de que lo sucedido podría quedar dentro de la figura de un abuso sexual y fue tras avanzar con un tratamiento psicológico. También aclaró que no existieron agresiones físicas adicionales, amenazas posteriores ni nuevos episodios.
Ahora, al margen de las primeras diligencias en función de la unidad fiscal a la que se asigne el expediente, se espera la determinación de fondo para saber si la acción penal se encuentra con plena vigencia o prescripta.
Se supo que el denunciante no requirió la implementación de medidas protectorias para su persona y tampoco autorizó un reconocimiento médico legal.
En función de lo narrado, está claro que los casos en los que hombres denuncian haber sido víctimas de abuso sexual cometido por mujeres existen, aunque estadísticamente representan una porción muy inferior respecto de las denuncias tradicionales.
"Para lograr una resignificación de los hechos vivenciados, la terapia jugó un papel clave"
Esa diferencia numérica hace que, cuando aparecen situaciones de este tipo, suelan generar mayor repercusión pública y debates más complejos alrededor del consentimiento, los vínculos y las construcciones culturales sobre la masculinidad.
Uno de los patrones más frecuentes en denuncias de hombres víctimas es el retraso en la revelación de los hechos. Muchos tardan años en interpretar determinados escenarios como de abuso, especialmente cuando ocurrieron dentro de una relación sentimental, familiar o de confianza.
Especialistas suelen vincular esto con factores sociales y culturales: la idea de que un hombre “debe querer siempre tener relaciones”, el temor al ridículo, la vergüenza o la percepción de que no serán tomados en serio por la Justicia o el entorno.
También es habitual que estos casos no incluyan violencia física extrema, sino presuntas situaciones de presión psicológica, coerción emocional, manipulación o aprovechamiento de contextos vulnerables.
Para lograr una resignificación de los hechos, se dijo que la terapia jugó un papel clave Desde el punto de vista judicial, esto suele volver más compleja la investigación, porque gran parte de las causas terminan dependiendo casi exclusivamente de testimonios y reconstrucciones por indicios, especialmente cuando los hechos visibilizados ocurrieron muchos años antes.
A nivel legal, los tribunales suelen analizar estos casos bajo los mismos criterios que cualquier denuncia por abuso sexual: consentimiento, existencia de coerción, contexto del hecho y elementos de prueba. Sin embargo, en la práctica, los investigadores reconocen que persisten prejuicios culturales que pueden influir tanto en la recepción de la denuncia como en la repercusión pública.