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Una banda "torturó" casi 5 horas a una jubilada en La Plata

Un grupo de al menos tres delincuentes perpetró el pasado domingo por la tarde un feroz golpe en una vivienda ubicada en 37 entre 14 y 15, Barrio Norte.

Los malvivientes, que sorprendieron a una jubilada de 84 años cuando se encontraba mirando televisión, no escatimaron en violencia y la castigaron brutalmente durante casi 5 horas.

“A eso de la 1 de la mañana se terminó la pesadilla. Como no me creían que no tenía dólares les pedí que mataran antes que me siguieran torturando. No quería sufrir más”, expuso Ana, una jubilada de 84 años de origen italiano que contó el trato cruel e inhumano que recibió de parte de los tres delincuentes.

“Entraron minutos después de las siete de la tarde. Yo estaba mirando televisión en mi habitación y me sobresalté cuando sentí un estruendo. Cuando me dirigía a la puerta a ver qué había pasado me encontré a los tipos en el pasillo. Uno, el que tenía una barreta en la mano, me preguntó ‘¿Vos sos Ana?’’. ‘Si’, le dije. ‘Callate y no hagas ruido porque te quemo’, me dijo el tipo mientras me apuntaba con un arma en la cabeza. Me obligó a sentarme en la cocina y ahí me tuvieron casi cinco horas preguntándome dónde tenía los dólares”, rememoró entre lágrimas la mujer.

Los sujetos dieron por sentado que en esa casa había divisas estadounidenses así que comenzaron a exigir a la víctima que indicara el lugar en el que, según suponía, las tenía guardadas. Para no perder tiempo, los ladrones llevaron adelante el interrogatorio mientras revolvían y rompían los muebles de la casa.

“Les di unos pesos que tenía guardados de mi jubilación. Pero los tipos no se conformaron”, precisó.

Para los asaltantes, la mujer mentía. Y fue por ello que decidieron subir el nivel de violencia con el objetivo de ablandar a la víctima. Fue así que, empleando una cuchilla, los sujetos arremetieron una y otra vez contra la humanidad de la mujer que, tras el hecho, debió ser atendida en un equipo médico del SAME que se encargó de evaluar su cuadro de salud.

“Por un momento pensé que me moría. Vengo de un golpe durísimo. Hace poco murió mi hijo. Incluso les hablé sobre mi pérdida con la intención de que reflexionaran y dejaran de agraviarme pero se ensañaron mucho más. Uno agarró una cuchilla que hace tiempo no usaba por lo pesada que es y me empezó a pegar con la hoja en la cara. Como si fueran cachetazos”, describió la mujer.

Si bien el caso se encuentra en plena fase de investigación, la víctima descarta por completo que se haya tratado de un robo “al voleo”.

En cambio, apunta a la hipótesis de una maniobra que fue planificada. Fundamenta su hipótesis en el hecho de que uno de los ladrones la haya llamado por su nombre y en la forma que utilizaron para entrar a su casa.

“Barretearon y entraron. No cualquiera se arriesga a hacerlo sin antes saber que en el interior había una jubilada indefensa y sola. Alguien me vendió. Pero se equivocó porque no tengo ni un peso”, conjeturó la mujer.

“Al margen de la camioneta que se llevaron, lo que más me duele es que profanaron las cosas de mi difunto hijo. Se llevaron un reloj que tenía más un valor sentimental que otra cosa”, destacó la damnificada.

La amarga experiencia que le tocó vivir a esta mujer dejó expuesto que tanto Barrio Norte, como La Loma, continúan sin respiro en materia de inseguridad y demostró nuevamente que por más recaudos que se tomen y reclamos que se hagan, la delincuencia se encuentra enquistada en este sector de la Ciudad.

Es sabido que los jubilados son el blanco predilecto de los hampones. Aprovechándose de las limitaciones físicas y las dolencias que suelen tener, arremeten sin piedad contra los adultos mayores utilizando estas debilidades en su favor para imponer su voluntad y someterlos.

Sin embargo, en esta zona de la Ciudad la realidad no sólo afecta a los jubilados. También son blancos del delito los comerciantes y transeúntes con asaltos callejeros cometidos por motochorros sin distinción de edad ni de sexo.

Hace tan sólo unas semanas, a pocas cuadras de la casa de esta jubilada, tuvo lugar el robo en el que tres ladrones hicieron dormir a un nene para continuar robando y golpeando a su padre, un hombre de contextura física robusta y con una altura que sobrepasaba el metro noventa.

Pese a su gran porte, la víctima debió someterse a la voluntad de tres sujetos que lo inmovilizaron con precintos y apuntándole con un arma de fuego antes de descargar toda su furia contra él.

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